#GraphosCc #Tlx #Noticias #BarradeOpinión #Columna #RitmosPropios | EL CEREBRO QUE APRENDIÓ A SOBREVIVIR. Por Miguel Ángel Sosa by #AIGCcTlx

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Durante mucho tiempo pensamos que ciertas conductas difíciles de entender eran simplemente rasgos de personalidad: alguien demasiado desconfiado, una persona que necesita controlar todo, quien se aleja cuando una relación comienza a volverse íntima o quien reacciona con enorme intensidad ante situaciones aparentemente pequeñas. Pero ¿qué ocurre si algunas de esas respuestas no nacieron de una elección consciente, sino de un cerebro que aprendió a sobrevivir? El trauma puede modificar la manera en que el cerebro procesa las amenazas, los recuerdos, las emociones y las relaciones. La neuroplasticidad ayuda a entender cómo esas experiencias pueden dejar huellas profundas, pero también abre una posibilidad esperanzadora: aquello que el cerebro aprendió, en determinadas condiciones, también puede transformarse.
El trauma no es únicamente el acontecimiento que ocurrió, sino la manera en que el organismo quedó condicionado por él. Una infancia marcada por violencia, abandono, humillación o inseguridad puede enseñar al sistema nervioso que el mundo no es un lugar confiable. Así, una persona puede permanecer constantemente alerta, interpretar un silencio como rechazo o sentir peligro ante una discusión que para otros parece cotidiana. El psiquiatra Bessel van der Kolk ha popularizado una idea fundamental: el cuerpo puede conservar la huella de aquello que la mente intenta dejar atrás. No significa que todas las personas que atraviesan una experiencia adversa desarrollen trauma, sino que la respuesta depende de múltiples factores, entre ellos la intensidad, duración, contexto y ausencia o presencia de apoyo.
Aquí aparece la neuroplasticidad, la capacidad del sistema nervioso para modificar sus conexiones y funcionamiento a partir de la experiencia. Un cerebro expuesto repetidamente al peligro puede volverse especialmente eficiente para detectarlo. Esto puede explicar por qué alguien con antecedentes traumáticos reacciona antes de haber tenido tiempo de analizar racionalmente una situación. No necesariamente está “exagerando”: su cerebro pudo aprender que anticiparse era una forma de protección. La hipervigilancia, la necesidad de control, la evitación o ciertas respuestas impulsivas pueden entenderse, entonces, como estrategias que alguna vez tuvieron sentido dentro de un determinado contexto.
Esta perspectiva también cambia la manera en que miramos a los demás. ¿Cuántas veces llamamos “dramática” a una persona sin preguntarnos qué está activándose dentro de ella? ¿Cuántas veces interpretamos como falta de interés lo que quizá es miedo a ser abandonado? Una persona que se distancia cuando empieza a sentirse querida podría estar protegiéndose de una experiencia que su cerebro relaciona con el dolor. Esto no significa justificar cualquier conducta ni convertir el trauma en una explicación universal. Significa incorporar una pregunta más humana: ¿qué le ocurrió a esta persona para que su sistema de protección aprendiera a funcionar de esta manera?
Los avances en neurociencia y psicología también cuestionan una idea profundamente arraigada: que estamos condenados a permanecer como nos hicieron nuestras experiencias. La neuroplasticidad sugiere que el cerebro continúa cambiando. Las relaciones seguras, la psicoterapia, el aprendizaje emocional, el descanso, el movimiento, la regulación del estrés y nuevas experiencias pueden contribuir a modificar patrones establecidos. Como ha señalado el neurocientífico Richard Davidson, el cerebro posee una capacidad considerable para cambiar mediante la experiencia y el entrenamiento. La recuperación no consiste en borrar el pasado, sino en conseguir que el pasado deje de gobernar automáticamente el presente.
Tal vez una de las propuestas más poderosas de la neuroplasticidad sea precisamente que el cerebro tiene historia, pero no está obligado a repetirla. Las huellas del trauma pueden influir en nuestras decisiones, emociones y relaciones, pero no constituyen una sentencia definitiva sobre quiénes somos. Detrás de algunas conductas que juzgamos puede existir un intento antiguo de protección; y detrás de ese intento puede existir también la posibilidad de aprender algo diferente. Si alguna vez nuestro cerebro aprendió a sobrevivir de una determinada manera, ¿podría aprender ahora que también es posible vivir con mayor seguridad, conexión y libertad? Por Miguel Ángel Sosa •Instagram: @ritmos_propios • by #AgenciaInformativaGraphosCcTlx











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