#GraphosCc #Tlx #Noticias #BarradeOpinión #Columna #RitmosPropios | CUANDO LA AUSENCIA NO SIGNIFICA OLVIDO

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¿Puede una persona seguir sintiendo cerca a alguien cuando no lo ve? La pregunta resulta especialmente interesante al hablar de neurodivergencia y vínculos afectivos. En redes sociales se ha popularizado la expresión “permanencia del objeto” para describir la dificultad de mantener presente emocionalmente a alguien cuando está ausente.
Sin embargo, conviene hacer una precisión. La permanencia del objeto es originalmente un concepto del desarrollo infantil estudiado por Jean Piaget: comprender que algo continúa existiendo aunque no podamos verlo. En adultos, utilizarlo para explicar los vínculos es más bien una metáfora. No todas las personas neurodivergentes experimentan la ausencia de la misma manera.
En algunas personas con TDAH, por ejemplo, la atención puede dirigirse intensamente hacia aquello que está presente, es novedoso o requiere una respuesta inmediata. Esto puede hacer que una persona querida quede temporalmente fuera del foco de atención. ¿Significa que dejó de importar? No necesariamente. La ausencia de una conducta afectiva no equivale automáticamente a la ausencia de sentimientos.
Algo parecido puede ocurrir en determinadas experiencias relacionadas con el autismo u otras formas de neurodivergencia. La memoria, la percepción del tiempo, las rutinas y la comunicación social pueden funcionar de maneras distintas. Por eso, alguien puede querer profundamente a otra persona y, aun así, no sentir espontáneamente la necesidad de escribirle todos los días.
Aquí aparece una propuesta que puede transformar nuestras relaciones: no interpretar inmediatamente la distancia como desinterés. Nuestra cultura suele medir el afecto mediante mensajes, llamadas, respuestas rápidas y contacto constante. Pero ¿y si existen otras maneras de conservar un vínculo? Una fotografía, un objeto, una rutina o incluso un recordatorio pueden ayudar a mantener presente emocionalmente a alguien.
Esto no significa justificar cualquier comportamiento. Las relaciones también requieren responsabilidad, acuerdos y consideración por las necesidades del otro. Si una persona necesita más comunicación para sentirse querida, esa necesidad también es válida. La clave está en hablarlo y construir estrategias que funcionen para ambos, en lugar de convertir las diferencias neurológicas en juicios personales.
Quizá la neurodivergencia nos ofrece una oportunidad para cuestionar nuestra idea tradicional de la presencia. No todas las personas sienten la conexión de la misma manera, ni la demuestran mediante los mismos códigos. Comprenderlo puede ayudarnos a construir relaciones menos basadas en la interpretación y más en la comunicación. Porque alguien puede no estar pensando constantemente en nosotros y, sin embargo, seguir queriéndonos profundamente. Por Miguel Ángel Sosa IG: @ritmos_propios by #AgenciaInformativaGraphosCcTlx










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