#GraphosCc #Tlx #Noticias #BarradeOpinión #CRÓNICASDEYAUHQUEMEHCAN | Visita a los panteones: respeto y unión con los antepasados. Por David Chamorro Zarco Cronista Municipal by #AIGCcTlx

#GraphosCc #Tlx #Noticias #BarradeOpinión #CRÓNICASDEYAUHQUEMEHCAN | Visita a los panteones: respeto y unión con los antepasados. Por David Chamorro Zarco
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Uno de los símbolos identitarios más importantes de las comunidades, tiene que ver con el respeto al lugar en donde están sepultados los restos de los antepasados. Desde hace miles de años, el ser humano determinó que el lugar en donde daba inhumación a los cuerpos de sus seres queridos, era una especie de centro gravitacional en torno de sus actividades cotidianas.
Sabemos que incluso en Mesoamérica, concretamente durante el período de la cultura teotihuacana, las personas solían sepultar a sus muertos en el interior de sus hogares, lo cual afianzaba todavía más ese sentido de cercanía y pertenencia que incentiva el sentido de pertenencia a un lugar determinado.
Durante el virreinato, los templos católicos se convirtieron en ese centro de atracción comunitaria, y, dependiendo de algunas condiciones de jerarquía, las personas que fallecían en las comunidades se sepultaban en el terreno del atrio, o en el interior del propio templo. Más adelante, se acostumbró la población a designar algún terreno adjunto a la construcción religiosa para dedicarlo de manera exclusiva a panteón, lo que vemos hasta nuestros días, aunque, ahora por indicaciones de la autoridad sanitaria, se pretende que los camposantos estén lo más alejado posible de los centros de población.
Cada año, durante los últimos días de octubre y los dos primeros de noviembre, literalmente las familias se vuelcan a los panteones para limpiar y arreglar el área de las tumbas de sus familiares, llevarles flores –cempasúchil, nube, manita de león, gladiolas, principalmente–, tratando de que la actividad se realice en familia, para que los pequeños vayan identificando la importancia de esta tradición, y la asimilen para ejecutarla cuando lleguen a ser adultos.
Es muy común que las personas preparen sus alimentos en casa y los lleven al panteón para almorzar o comer junto a la tumba de sus familiares, en un acto de cercanía y convivencia con el recuerdo de quien ya no está entre ellos. En las ciudades de mayor densidad poblacional, incluso hay venta de alimentos y hasta música en el interior del panteón, con lo que se da un toque mucho más festivo a la visita a las tumbas de los antepasados.
Hay lugares en nuestro país en donde incluso las familias suelen pasar la noche en el panteón en vela, oración y convivencia con sus antepasados, haciendo que más que una visita, el acontecimiento se convierta en toda una celebración en honor a quienes ya no están en el mundo de los vivos.
En Yauhquemehcan y en todo Tlaxcala, las familias suelen acordar el día en que visitarán la tumba de sus seres queridos para llevar las flores. En muchos casos, el día 2 de noviembre, en el interior del propio cementerio, los sacerdotes celebran la Eucaristía, en un acto que consolida de mucho mejor manera la esencia religiosa del momento.
También, muchos acostumbran que las flores que pusieron en la ofrenda en casa, una vez que dan las catorce horas del 2 de noviembre, pueden llevarlas a las tumbas de sus seres queridos en los panteones.
Durante estos días, los panteones lucen un color amarillo intenso y hay quienes incluso, cuando descubren alguna tumba que está abandonada que no ha sido atendida por sus familiares, con toda cortesía y prestancia comparten un poco de flores con esos restos que han quedado en el olvido.
Para otros países y culturas, la sola idea de convivir con los muertos es algo tétrico y lúgubre, en tanto para el mexicano es parte de la misma existencia, pues sabe bien que a esta vida de fiesta y alegría ha de seguir en algún momento el silencio y la quietud de la muerte. La celebramos como un signo de reafirmación a nuestros núcleos familiares y comunitarios, y como un signo más de nuestro amor por la vida, por la alegría, por el color, por la música, por los alimentos y las bebidas, por la convivencia y la algarabía.
Los panteones, durante los últimos días de octubre y los primeros de noviembre, vuelven a adquirir su condición primaria de centro gravitatorio de las comunidades; los que no se han visto durante mucho tiempo, vuelven a coincidir limpiando tumbas y colocando flores, y los que han tenido alguna rencilla o malentendido, tratan de dejarla atrás en honor de la memoria de sus antepasados; muchos llevan su saludo a la esencia, espíritu o recuerdo de sus seres queridos, platicando un momento, de manera verbal o en silencio, con su misma esencia, y reafirmando que, por encima de todo, a pesar de la soledad y la quietud de la muerte, a los difuntos no se les olvida.











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