#GraphosCc #Tlx #Noticias #BarradeOpinión #Columna #LaTierradelosHongos | Una noche, un pueblo y la Independencia. Por Humberto Vera Olvera by #AIGCcTlx
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#GraphosCc #Tlx #Noticias #BarradeOpinión #Columna #LaTierradelosHongos | Una noche, un pueblo y la Independencia
• La historia de cómo Nanacamilpa se convirtió en escenario del paso de don Agustín de Iturbide rumbo a la Independencia de México.
La historia de nuestro país, no se construyó únicamente en los grandes campos de batalla o en los salones del poder, lo fue también en los caminos, en las pausas del viaje y en los diferentes pueblos, los cuales casi sin saberlo; fueron testigos de momentos decisivos. Uno de esos episodios tuvo lugar en la Hacienda de Nanacamilpa, cuando el paso de don Agustín de Iturbide marcó una noche, ella aún resuena en la memoria colectiva.
Para comprender la dimensión de este acontecimiento, es necesario remontarse al origen mismo de la lucha independentista. La madrugada del 16 de septiembre de 1810, el cura Miguel Hidalgo y Costilla lanzó el llamado conocido como el Grito de Dolores, encendiendo la llama de una prolongada guerra de más de una década. Aquel levantamiento, nutrido de ideales y agravios, encontró pronto obstáculos, derrotas y la caída de sus primeros líderes. Sin embargo, la causa no murió con ellos; persistió en el espíritu de quienes continuaron la lucha por la libertad.
Con el paso de los años, el conflicto se transformó. La guerra, desgastante y prolongada, llevó a una encrucijada donde la reconciliación se volvió indispensable. Fue entonces cuando emergió la figura de don Agustín de Iturbide, militar novohispano quien, tras combatir a los insurgentes, comprendió la necesidad de unir fuerzas. El 10 de febrero de 1821, en Acatempan, tuvo lugar el abrazo entre don Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero, un acto simbolizando la unión de antiguos adversarios en favor de un objetivo común: la independencia de México.
Días después, el 24 de febrero de 1821, Iturbide proclamó el Plan de Iguala, estableciendo las Tres Garantías: religión, independencia y unión. Este documento no solo delineó el proyecto político de una nueva nación, también sentó las bases para la reconciliación social. Bajo estos principios nació el Ejército Trigarante, quien avanzó con paso firme hacia la consumación de la independencia.
En ese contexto, el tránsito de Iturbide por diversas poblaciones se convirtió en un fenómeno social y político. Cada lugar visitado se transformaba en escenario de celebraciones, desfiles y muestras de adhesión. Nanacamilpa no fue la excepción. Entre el 9 y el 12 de septiembre de 1821, la hacienda de Nanac-Amilpa se preparó para recibir al líder del Ejército Trigarante en su camino hacia la Ciudad de México.
La llegada de Iturbide fue recibida con entusiasmo. Los habitantes acudieron al encuentro con respeto y expectación, congregándose en el patio principal de la hacienda. Ahí, en un ambiente solemne, se dio lectura al Plan de Iguala, reafirmando los ideales e impulsando el nacimiento de la nueva nación. La escena no solo representaba un acto político, sino también un momento de comunión entre el proyecto independentista y el sentir del pueblo.
Como muestra de hospitalidad y celebración, se ofrecieron alimentos al ilustre visitante y a su comitiva. Entre ellos destacó un platillo, este con el tiempo, se convertiría en símbolo de identidad local: el tlacoyo preparado con los colores de las Tres Garantías. Salsa verde por la religión, salsa roja por la independencia y el blanco del queso por la unión. Este gesto, sencillo pero profundamente simbólico, reflejaba la manera en cómo la comunidad hacía suyo el movimiento independentista.
Al caer la noche, las fogatas iluminaron los patios de la hacienda. En torno a ellas se reunieron pobladores y soldados, compartiendo cantos, historias y esperanzas. Fue una noche de transición, en la cual el pasado de lucha comenzaba a ceder paso a la promesa de una nación libre. Iturbide descansó en Nanacamilpa, sin imaginar quizá cómo aquel breve reposo quedaría grabado en la memoria del lugar.
Al día siguiente, la marcha continuó hacia la Ciudad de México. Semanas después, el 27 de septiembre de 1821, el Ejército Trigarante entró triunfante a la capital, consumando la independencia de la Nueva España. Con ello, se cerraba un ciclo histórico y se abría otro, lleno de desafíos y esperanzas.
Sin embargo, en Nanacamilpa aquel recuerdo de un paso fugaz, quedó como una historia transmitida de generación en generación: la de aquella noche cuando el libertador durmió entre sus habitantes; un episodio quizá breve; pero forma parte del gran relato nacional.
Hoy, esa memoria se preserva no solo en la tradición oral, sino también en esfuerzos por mantener viva la identidad histórica del municipio. La emisión de una moneda conmemorativa y la evocación de este acontecimiento, son una prueba más de la historia, no de un hecho estático, sino de una construcción viva resignificándose con el tiempo.
Así, cada 27 de septiembre, Nanacamilpa no solo recuerda la consumación de la independencia, sino también su lugar en ella. Porque en el camino hacia la libertad, incluso una noche puede volverse eterna. Por Ing. Humberto Vega Olvera, Miembro del Consejo de Cronistas del Estado de Tlaxcala by #AgenciaInformativaGraphosCcTlx










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