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#GraphosCc #Tlx #Noticias #BarradeOpinión #Columna CRÓNICAS DE YAUHQUEMEHCAN | Los sentimientos de la nación: legado ideológico de Morelos. Por David Chamorro Zarco, Cronista Municipal

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#GraphosCc #Tlx #Noticias #BarradeOpinión #Columna CRÓNICAS DE YAUHQUEMEHCAN | Los sentimientos de la nación: legado ideológico de Morelos. Por David Chamorro Zarco, Cronista Municipal

En lo personal, uno de los personajes más destacados del período al que conocemos como La Independencia fue el cura José María Morelos y Pavón por diversas características que diré de manera sucinta: en primer lugar, por haber sido un mestizo que llegó al liderato general de las fuerzas Insurgentes luego de que, bien se sabe, el inicio de la lucha por la emancipación de España fue impulsado por los criollos, o sea, hijos de españoles, pero nacidos en la Nueva España; enseguida, destaca en Morelos una inteligencia innata, superior, verdaderamente admirable, que no solo le permitió cursar exitosamente una carrera eclesiástica algo tardía, sino que le hizo el gran dominador de los caminos del sur de la Nueva España siendo arriero, y conociendo, como la palma de su mano, los caminos de los actuales Estados de Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Morelos, Puebla y la propia Ciudad de México; en tercer sitio, con la inteligencia ya referida, Morelos llegó a desarrollar un sentido natural de la estrategia, lo que le llevó a hazañas tan formidables como la toma de Oaxaca, la rendición del Fuerte de San Diego en Acapulco o el celebérrimo rompimiento del sitio de Cuautla, burlando al mismo Félix María Calleja del Rey.

Mientras el padre Miguel Hidalgo y Costilla, solo fue capaz, en un balance absolutamente desapasionado y objetivo, de iniciar la rebelión, marchar sobre el Bajío (en donde se dio la escena del asesinato de muchos españoles en la toma de la Alhóndiga de Granaditas), la proclamación de la abolición de la esclavitud desde Guadalajara en octubre de 1810 y triunfos de Puente de Calderón y de Monte de Las Cruces, para luego marchar sobre el norte del país, y minar rápidamente su fuerza hasta finalmente ser capturado, juzgado y fusilado en Chihuahua en junio de 1811, su discípulo del seminario nicolaita, José María Morelos y Pavón, permaneció en el liderato activo de las fuerzas Insurgentes durante prácticamente cuatro años, que, dicho sea de paso, representaron la fase más activa del movimiento de la lucha por la independencia nacional. Con sus triunfos y movimientos constantes, Morelos verdaderamente puso en jaque en diversas ocasiones al virreinato y al ejército realista, destacando por ese liderazgo y simpatía que despertaba, particularmente entre las castas más desprotegidas de la Nueva España.

No por nada, lord Wellington, que fue quien derrotó finalmente a Napoleón Bonaparte en la muy famosa batalla de Waterloo, cuando le explicaron lo que había hecho Morelos para romper el sitio de Cuautla, simplemente exclamó que el hombre era un genio; y es particularmente famosa la frase que pronunció Napoleón respecto al cura de Carácuaro, diciendo "¡Dame cuatro Morelos, y conquistaré el mundo!".

Más, por encima de este genio militar, opino que lo más importante de José María Morelos fue su legado ideológico, que dio sentido y plena dirección al movimiento de independencia, con la redacción y presentación al Congreso de Anáhuac, reunido en Chilpancingo, del documento conocido como "Los sentimientos de la nación", que precisamente fue dado a conocer hace 213 años, es decir, el 14 de septiembre de 1813.

En este documento, se subraya la intención de lograr la total y absoluta independencia de la "América mexicana" respecto de la corona española y de cualquier otro gobierno extranjero; también se establece con claridad que la soberanía de la nueva nación reside esencialmente en el pueblo, y que este la deposita en sus representantes, legítimamente electos, para ejercerla en su nombre, a través de un gobierno dividido en los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, evitando de hecho y de facto la concentración del poder en unas cuantas manos.

En "Los sentimientos de la nación", Morelos establece con mucha puntualidad la necesidad de desaparecer la desigualdad social, comenzando con la abolición total y absoluta de la esclavitud y también del sistema de castas que durante siglos permitió la distinción social a partir de los orígenes raciales de las personas, concediéndoles o negándoles derechos con base en el color de su piel y la naturaleza de sus antepasados. Es particularmente bella la frase escrita por el padre Morelos diciendo que entre los americanos, no debe haber más distinción que aquella que diste entre la virtud y el vicio de cada persona.

El documento también considera el establecimiento de un sistema económico mucho más justo, en que se procure la moderación entre la indigencia y la opulencia, esto es, evitar la concentración exagerada de riquezas en unas cuantas manos, en tanto que miles de individuos viven en la más absoluta necesidad. Una de las estrategias delineadas por "Los sentimientos de la nación" es la de mejorar sensiblemente el jornal del trabajador, para que pueda contar con mayores recursos y obtener mayor bienestar.

Resulta muy interesante el hecho de que en el propio documento se proscriba, desde ahí y para siempre, el sistema de tortura para obtener confesión de las personas ante la autoridad judicial. El lector juzgará por sí mismo si hemos alcanzado el objetivo que nos planteó en su oportunidad el padre Morelos.

Resulta por demás interesante el hecho de que José María Morelos establezca en este documento que la única religión aceptada por el estado mexicano será la católica, sin permitirse, de manera pública o privada, la práctica de ninguna otra. Esto nos puede sonar extraño ya en esta tercera década del siglo XXI, pero hay que reconocer que el factor religioso fue efectivamente el gran aglutinante de esta nación, más allá de cualquier postulado ideológico o identitario de carácter meramente laico. En cierto modo por eso fue que la nación no se desgajó del todo, pues, a decir verdad, México era y es un crisol de culturas muy diferentes, pero la argamasa que la mantiene unida hasta el día de hoy es el sentimiento religioso basada en la práctica católica. Tampoco hay que perder de vista que Morelos veía el riesgo de que credos protestantes, como los que se practicaban en los Estados Unidos, fueran la punta de lanza para un dominio extranjero.

También, en "Los sentimientos de la nación", se eleva a rango de fiesta nacional el día 12 de diciembre, en conmemoración de la Virgen de Guadalupe, y el 16 de septiembre, en memoria del inicio de la lucha formal por la independencia nacional, en remembranza a lo hecho por Miguel Hidalgo e Ignacio Allende.

"Los sentimientos de la nación" representaron la semilla del espíritu constitucional que caracterizaría a nuestra nación en los diversos intentos por darse una Carta Magna adecuada. desde luego, no pueden desoírse las influencias que se recogieron de parte de la propia Constitución de Cádiz de 1812, y en conjunto con los postulados del cura de Carácuaro, dieron origen a la discusión y promulgación de la primera Constitución que tuvo nuestra patria en 1814, emitida por el ya citado Congreso de Chilpancingo y que, lamentablemente, no tuvo oportunidad de ser puesta en marcha por diversas circunstancias. Los otros textos constitucionales corresponden a 1824, 1857 y a 1917, que con múltiples modificaciones, muchas de ellas muy cuestionables, continúa en vigencia.

José María Morelos y Pavón, el arriero incansable, el párroco comprometido, el gran enamorado, el que era todo genio y todo astucia, el piadoso con los propios y el implacable con los enemigos, más allá de sus actos materiales, nos dejó un testamento político muy importante en "Los sentimientos de la nación" que, para empezar, debieran conocer todos los mexicanos, para saber hacia dónde nos dirigimos como nación. En estos postulados, Morelos da sentido y dirección al movimiento independentista de principios del siglo XIX, pero cuyos alcances llegan hasta nuestros días, llenos de tecnicismos, de tecnología y la Inteligencia artificial.

Ojalá que, con el buen pretexto de la conmemoración de un aniversario más de su promulgación el 14 de septiembre de 1813, y a punto de celebrar las muy mexicanas ceremonias del Grito de Dolores y del Día de la Independencia Nacional, reflexionemos con seriedad acerca de qué tan lejos estamos de alcanzar los postulados de este hombre que fue admirable en su tiempo, lo es en el nuestro, y seguramente lo seguirá siendo en el futuro. ¡Caminemos Juntos!

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