Rutilio Espinoza Caloca El terror de Huamantla | #Columna #Ehécatl: Guillermo Xelhuantzi Ramírez

Actualizado: 17 oct 2021



Rutilio Espinoza Caloca. El terror de Huamantla.| El texto trata sobre la trayectoria militar de Rutilio Espinoza Caloca, un revolucionario veracruzano que se unió a las filas del maderismo y en 1910 se alzó en armas para luchar contra el gobierno de Porfirio Díaz; por la misma dinámica del movimiento armado, estableció su base de operaciones en la zona de San Andrés Chalchicomula, hoy Ciudad Serdán, Puebla y posteriormente se instalaría en San Luis Huamantla, Tlaxcala. De Rutilio Espinoza Caloca existen pocos documentos; no obstante, se puede tener un seguimiento de sus actividades militares en 1911 y 1912.


Su inicio como revolucionario

Rutilio Espinoza Caloca [1] fue originario de Santa Rosa Orizaba, Veracruz, y en 1910 cuando Francisco I Madero y Roque Estrada emprendieron su gira política por ese Estado, Rutilio se unió con los antireelecionistas y poco después se puso a las órdenes de Madero para apoyar a la Revolución. A principios de enero de 1911, Caloca y un pequeño grupo de obreros se levantaron en armas en Santa Rosa, incursionaron en los pueblos de Aculcingo, Alta Luz y Boca del Monte para después encaminarse a San Andrés Chalchicomula, Esperanza, Rinconada y Algibes, para el 11 de mayo se encontraba en la población de Santa María Cuahtepec donde se incorporaron varios simpatizantes.


No existen otros testimonios que indiquen con mayor detalle sus acciones en esta área, solo tenemos el dato que a fínales de mayo y principios de junio de 1910, las tropas de Caloca y del coronel Francisco G de la Barrera se unieron a las de Miguel Arrioja y tomaron la ciudad de Tlaxcala como resultado de la renuncia del gobernador porfirista Próspero Cahuantzi.


Por acuerdo de las autoridades maderistas, la plaza de armas de Tlaxcala quedo a cargo de Miguel Arrioja, pero días más tarde recibió órdenes de trasladarse a México y dejo a Caloca como responsable la plaza; la manera en que Madero reconoció los méritos de los distintos jefes y oficiales que participaron en los combates, generó desconcierto entre los simpatizantes, por ejemplo, en Tlaxcala las autoridades maderistas asignaron como jefe de armas a Felipe N Chacón, personaje que no tenía méritos militares en la zona, por esos motivos, Rutilio Espinoza Caloca se inconformó porque creía que Madero tomaría en cuenta a los revolucionarios para desempeñar los cargos militares y administrativos “tan luego como se sentara al poder, que todos esos hombres quedaríamos al frente de su gobierno como federación.”


La primera rebelión de Caloca

Rutilio Caloca decidió rebelarse por las decisiones arbitrarias en que incurrieron las autoridades maderistas al momento de nombrar jefes militares, el 27 de junio de 1911 el capitán Samuel Solís se presentó con Lorenzo Nava para exigir, según orden verbal de Caloca, que entregara las armas de los soldados que habían sido dados de baja y que se encontraban en el cuartel de San Francisco; Lorenzo se dirigió a la jefatura de armas para verificar la orden, ahí le entregaron la comunicación número 38 que dice:


Ordena esta jefatura que mediante inventario le entregue el C Capitán 2do del 2do batallón las cananas, las regmiton y el parque que tenga lo cual será lo recogido a los infantes que se han dado de baja, sírvase conservar todo con la mayor seguridad, acusando recibo al C Capitán Lorenzo Nava y dando aviso a esta jefatura. Sufragio efectivo no reelección, Tlaxcala junio 27 de 1911

El jefe interino de las armas Rutilio Espinoza Caloca

Al capitán 1ro Samuel Solís.[2]


Con esta orden Lorenzo Nava entregó 40 cananas de cincuenta tiros cada una, cuarenta marrazos o carabinas y una corneta, dos días después, Caloca expido una orden a Luis Razo para que trasfiriera las armas del cuartel; el oficial proporcionó las de uso cotidiano, pero no el pertrecho de guerra nuevo que estaba resguardado en el cuarto de banderas con llaves, luego Luis Razo recibió indicaciones de presentarse con su mando superior y al regresar al cuartel encontró abierto el depósito; las armas habían sido extraídas de sus cajas, poco después observo que el oficial Cisneros con algunos soldados repartían los pertrechos de guerra a gente de los pueblos comarcarnos. Otros militares aprovecharon el cambio de guardia para extraer las armas del cuartel Juárez y las llevaron a la iglesia del Vecino donde se hallaba Caloca, inclusohabía algunos soldados que portaban dos carabinas.”


Los sublevados se parapetaron en los cerros aledaños a la ciudad y entre los habitantes pronto se esparció la noticia de la rebelión; alrededor de las once de la mañana, Pedro Lira y un grupo de amigo se hallaban en el Portal Grande, cuando Placido Sánchez les comunicó que Caloca repartía armas a gente de San Pablo Apetatitlán y Santa Ana Chiautempan que estaba atrincherada en los cerros; cómo se podía observar desde el palacio según su testimonio:


Y que entonces Don Francisco Herrerías, el señor Sánchez y el que declara entraron hasta el segundo patio de la casa de Don Rafael Herrerías y desde allí vieron que efectivamente subía gente armada, que se reunía a los que estaban cerca de la casa que se llama Vista Hermosa, que entonces él se fue a Palacio y dio cuenta al señor Secretario de Gobierno del procedimiento del expresado Caloca. El señor Secretario le indico que entrara a participarlo al señor gobernador provisional y al general Cruz que estaban en la pieza inmediata que así lo hizo y al retirarse encontró al señor general Chacón que entraba por la puerta del corredor, acompañado de Don Cristóbal Apan y Roldan


Mientras esto sucedía en los alrededores de la ciudad; el jefe de armas Felipe N. Chacón pidió al teniente coronel Guerrero, que emitiera una orden extraordinaria para obligar a Caloca subordinarse, ante su negativa, no quedó más remedio que resguardar la plaza en prevención de un ataque. Las tropas de Guerrero se distribuyeron por los sitios estratégicos de la ciudad, los vecinos eran presa de pánico, porque se rumoraba que Caloca “iba a volar la capital con dinamitay se previa un combate desigual entre las fuerzas federales y los rebeldes, ya que estos últimos contaban con las guardias de Zacatelco y Panzacola; el enfrentamiento era inminente y por ello, los ciudadanos permanecían en sus casas, temerosos porque veían que a cada momento se integraban numerosos simpatizantes de Caloca, que recibían sus armas y el pago de un peso.[3]


El caos reinaba en la ciudad; en Palacio de Gobierno acudían ciudadanos que decían tener órdenes del gobernador Agustín Sánchez para desempeñar diversas comisiones, sin embargo, no eran más que simples tretas para obtener información, por otra parte, Felipe N Chacón trato de intimidar a los militares que simpatizaban con Caloca, por ejemplo, a Cristóbal Apan y Roldan, le increpó su actitud rebelde y señaló que lo hacía responsable de cualquier desorden que se produjera en la ciudad.


El sobresalto de los habitantes perduró hasta la llegada del general Eduardo M Cauz con 320 hombres del Primer Regimiento de Caballería como refuerzo, entonces, el resto de las fuerzas de Caloca abandonaron el cuartel, llevándose el parque que pudieron y se reunieron con sus compañeros que estaban situados en los cerros, en tanto el general Cauz por orden de Chacón tomo el cuartel.


Un factor que favoreció a las tropas federales, según la opinión de los periodistas fue el clima, ya que a las tres de la tarde cayo un fuerte aguacero que hizo desistir a los rebeldes de presentar combate, muchos de ellos se retiraron a sus hogares, no obstante, los federales proyectaban tomar por la fuerza las piezas de artillería que existían en la población; a esta medida se opuso el general Chacón y envió un oficio a Caloca exigiéndole su rendición, pero este se negó.


Caloca por su parte, exigía que los federales lo nombraran jefe de armas; comisionó al señor Guillermo Castillo para que expusiera al licenciado Luis J García sus demandas, como este lo ignoro, entonces el representante exigió a nombre del Ejercito Insurgente que escuchara sus propuestas, al no recibir contestación, apelo a sus derechos como ciudadano y finalmente dijo, que si a las seis de la tarde Chacón no había dejado la capital, las tropas rebeldes abrirían fuego. El jefe de armas al enterarse de la amenaza ordenó a los militares que permanecieran en sus puestos y enviaba comisiones al gobernador para exigir que se retirara el Primer Cuerpo Rural y Primer Regimiento de Caballería.


En cambio, los rebeldes seguían firmes en su postura, Guillermo Castillo se dirigió a Santa Ana Chiautempan para reclutar simpatizantes, por otra parte, Caloca indicó a Isidro Ortiz que reuniera gente en Zacatelco y con 500 hombres se encaminaran a la Malintzi, sitio en donde permanecerían hasta recibir indicaciones de sus colegas del centro de México. Mientras esto acontecía en Tlaxcala, el gobernador Agustín Sánchez, se dirigió a la capital del país y gestionó una reunión extraordinaria con Francisco I Madero, con el ministro de gobernación y con Jesús Flores Magón y Alfredo Quesnel, representantes de los rebeldes, con el objetivo de llegar a un acuerdo. Jesús Flores Magón y Alfredo Quesnel pedían la renuncia inmediata del gobernador, del secretario particular, los miembros de la legislatura, la del poder judicial, la del tesorero general del estado, la del jefe de armas y la separación del primer cuerpo rural de la federación, pero entre los inconformes según pudieron apreciar los reporteros de El Imparcial ninguno era de Tlaxcala.


Por si esto no bastara, exigían que el gobernador fuera Miguel Farfán, Madero decidió que Agustín Sánchez continuara en el poder, así como los miembros del Congreso, del Poder Judicial, refrendo además el nombramiento de Felipe Chacón y aceptó la remoción del tesorero general, de los empleados de la administración Cahuantzista, recalcó a los oficiales que no atropellaran la soberanía del Estado, les prohibió que se inmiscuyeran en asuntos políticos, publicar panfletos y los exhorto a que se dedicaran a cuidar el orden.


Caloca acató las indicaciones de Jesús Flores Magón y al día siguiente, el 30 de junio se presentó con su escolta al Palacio de Gobierno para reconocer a Chacón, luego se reconcentraron las fuerzas y terminaron las tensiones. El 10 de julio de 1911, el jefe de armas comisionó a varios destacamentos militares para que impusieran orden en las comunidades y de esta manera se apaciguara la revuelta, aunque para esas fechas todavía circulaban rumores sobre la posibilidad de llevar a cabo una manifestación para protestar por la designación de Chacón, esto obligó al gobierno a tomar medidas preventivas.


Ese día, el general Felipe N. Chacón mandó a los maderistas tlaxcaltecas que se presentaran a las ocho de la noche en la Plaza de Armas; cuando llegaron al sitio se les ordeno que dejaran en un local el armamento y parque que portaban, ya que serían gratificados por su servicios, luego subió al balcón y dijo a los presentes que:ya la patria no necesitaba de sus servicios, que podían retirarse enseguida y que los que continuaran armados serian consignados a las fuerzas federales, muchos de los combatientes no había recibido paga alguna y solo obtuvieron como recompensa cinco pesos.


Cuando Madero decidió disolver el Partido Antireelecionista en 1911, se formaron diversas coaliciones de revolucionarios que exigían al Apóstol de la Democracia, que cumpliera con los estipulado en el Plan de San Luis, el 18 de julio de 1911 apareció un manifiesto que exigía tanto a Francisco I Madero como al presidente León de la Barra, que se expulsara de los cargos de la administración pública a todos los funcionarios porfiristas y exigían el nombramiento de un general revolucionario como inspector de las fuerzas insurgentes, el documento fue suscrito por los generales Gabriel Hernández (tlaxcalteca), A.M, Azueta, J Andrew Almazán, Emiliano Zapata y el coronel Rutilio Espinoza Caloca.[4]


En contra de Francisco I Madero

Rutilio Espinoza Caloca acato las ordenes de sus jefes militares por un tiempo, sin embargo, no estaba conforme con el gobierno de Francisco I Madero ni con el de Antonio Hidalgo en Tlaxcala, por ello a principios de marzo de 1912 decidió rebelarse de nuevo; lo primero que realizo fue enganchar simpatizantes en algunos municipios como Ixtacuixtla, en donde Fidencio Espinoza jornalero y natural del rancho de Jilotepec, se unió con el rebelde y recibió la encomienda junto con Desiderio Díaz y Erasmo Cruz, de invitar a muchachos del pueblo para “que fueran a trabajar a una empresa,” algunos aceptaron de buen agrado, otros fueron forzados, como fue el caso de Cruz Rocha, quien al comprar cigarros en la tienda del rancho se encontró con Desiderio Díaz y fueron a tomar unos tragos, después Rocha acordó unirse al grupo no sin antes haber sido amagado por Díaz con una pistola.


Por orden de Caloca, Desiderio Díaz debía reunirse con Erasmo Cruz-quien había sido un combatiente maderista- para acordar las acciones que emprenderían y lo encontró frente al rancho de La Virgen, montado en un caballo de la tropa del estado, entonces, Erasmo dijo que la orden era conseguir simpatizantes y después de ocho días, se reunirían con el cabecilla en la ciudad de Tlaxcala.


En la fecha acordada y antes de llegar a la capital, el grupo integrado por Fidencio, Erasmo Cruz y Cruz Rocha fueron al pueblo de San Jorge por Ignacio Díaz, llegaron a Tlaxcala a las seis de la tarde e inmediatamente se encaminaron a un mesón donde los esperaba Desiderio Díaz, poco después llego Rutilio Caloca y preguntó a Erasmo cuántos jóvenes había reclutado, éste respondió que cuatro y el cabecilla dijo Bueno diles que no tengan cuidado, que no les pasa nada conmigo, saco un peso y se los distribuyo entre los cuatro y les dijo “váyanse llendo para Santa Ana”. En la estación del tren de Santa Ana Chiautempan, los esperaba un individuo que le denominaba El Muelas y el propio cabecilla:


que allá les voy a sacar sus boletos, que efectivamente llegaron ellos a Santa Ana y ya estaba el allí, que les saco los boletos y le dio a cada uno el suyo para Huamantla, que llegaron a dicho punto y que ya Caloca los esperaba en la estación, que al apearse platico con Erasmo Cruz que se fueron para el cuartel de rurales y que allí les dijo Espérense un momento, que como a la hora que los llamo y los comenzó a armar y dándoles caballo que el que habla se resistía,


Los reclutas bajaron en la estación de Huamantla y se dirigieron al cuartel, luego en la madrugada del 5 de marzo de 1912, Rutilio Caloca según informes de Quirino Corona, sargento de infantería, formó a los rurales y les dijo: “Yo me voy a la revolución el que me quiera seguir de un paso al frente entonces salieron unos tres rurales del Estado y el jefe de destacamento de ellos, de apellido Cortés […] también que se les agrego un sargento de las fuerzas de la infantería del Estado”, su tropa se incrementó a quince individuos.


En un rancho de la zona los rebeldes recibieron su armamento; luego incursionaron en algunas haciendas para obtener caballos, sostuvieron su primer encuentro con los federales en la hacienda de Tepetitla; en este sitio Erasmo Cruz preguntó al cabecilla a donde se dirigían y que iban a hacer, Caloca sólo dijo que lo siguieran y al llegar a las inmediaciones del pueblo de Cuapiaxtla, Erasmo pretendía desertar pero no pudo, porque la tropa tenía orden “que al primero que corriera le hiciera fuego”, poco después sostuvieron otro combate en el sitio conocido como El Saltillo, donde murió Ignacio Díaz. En la hacienda de Soto se refugiaron para dormir, al día siguiente, partieron del lugar sin tener un rumbo fijo, entonces, Cruz Rocha al sentir temor por su vida, dijo a Caloca que ya no quería seguir en el grupo; el cabecilla respondió que no quería gente a la fuerza y le regalo dos pesos, además dijo que se podía llevar los caballos, menos la armas la cuales entregó.


Al anochecer Erasmo Cruz y Cruz Rocha abandonaron el grupo, como los integrantes de la tropa desertaban, en la hacienda de La Concepción, Caloca desarmó a escasos seguidores y “les dio dos pesos a cada uno y les dijo que podían llevarse los caballos e irse para donde ellos quisieran” Los desertores fueron detenidos en Santa Cruz, Tlaxcala y Apizaco por las fuerzas del sexto cuerpo rural y aunque argumentaron su inocencia, lo cierto es que se prestaron a colaborar con Caloca, el 21 de mayo de 1912 las autoridades dictaron formal prisión a Erasmo Cruz, Fidencio Espinosa, Cruz Rocha y Quirino Corona, dejaron en libertad a Desiderio Díaz, no obstante, por la ley de amnistía del 1911 fueron puestos en libertad.


No tenemos la fecha exacta, pero si el dato de que Rutilio Espinoza Caloca se unió a las tropas de Eufemio Zapata y tomo la plaza de Tehuacán [5], sitio desde donde realizaba incursiones a Nopalucan de Grajales, respecto a Caloca, el cronista de la ciudad de Huamantla José Hernández Castillo [6] ha recopilado leyendas que se generaron en torno a este personaje, una de ellas señala que Caloca pretendía envenenar el agua de los manantiales de la población y cada vez que intentaba atacar a la comunidad en las azoteas de las casas se presentaban o aparecía siluetas de mujeres portando armas, hecho que se vinculó con la Virgen de la Caridad, quien se decía era quien protegía a la población, además el guerrillero debido a que sus planes de tomar Huamantla se frustraban, amenazo con arrastrar la imagen de la Virgen de la Caridad a cabeza de silla, es decir, tirarla con su caballo, no obstante, en su último intento por tomar Huamantla, iba con las tropas de Eufemio Zapata , las cuales fue derrotadas cerca de la población de Apizaco, el grupo se dispersó y para mala suerte de Rutilio Espinoza Caloca fue aprehendido y el 31 de marzo según testimonio del periódico El Imparcial, fue fusilado en Huamantla y su cadáver fue colgado de un poste de telégrafos, este fue el fin de quien fuera el terror de Huamantla, luego su cadáver fue enterrado en un cementerio de la iglesia del barrio del Calvario, en donde su cuerpo sufrió un proceso de momificación. Por Guillermo Alberto Xelhuantzi Ramírez by #AIGCcTlx


Citas:

1] Museo Regional de Antropología e Historia de Tlaxcala. Fondo Andres Angulo, Nota Bibliográfica del Teniente Félix Juárez Sánchez fs. 1

[2] Archivo Histórico de la Casa de Cultura Jurídica Miguel Guridi y Alcocer. Fondo Tlaxcala, Sección Primer Juzgado de Distrito. Serie penal, Subserie procesos, Año 1911, Caja 36 exp 27, fs. 10

[3] MRAHT.- Fondo Andrés Angulo. Notas históricas del Diario de Joaquín Díaz Calderón fs. 5

[4] Gildardo Magaña. Emiliano Zapata y el agrarismo en México. Tomo 1, México, INEHRM. Comisión para las celebraciones del 175 aniversario de la independencia nacional y 75 aniversario de la Revolución Mexicana 1985, p 227

[5] Octavio Paz Solorzano. Emiliano Zapata. Prologo de Octavio Paz, México. FCE, 2012

[6] José Hernández Castillo-Momias en Huamantla.

https://www.facebook.com/jose.hernandezcastillo.127/posts/773444463300594 31 de marzo de 2021

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